lunes, 8 de junio de 2009

Bueno, me cuesta comprender esto de tener un blog. De a poco voy a prendiendo. Además, no escribí nada desde hace casi dos meses que creé este blog por muchas cosas que tengo para hacer. MiIentras, voy leyendo otros blog, muy buenos, aprendo de ellos, a la par que estoy estudiando, haciendo cursos, preparándome para exámenes, trabajando y atendiendo a dos niñas junto a mi esposa.
Lo que quería comentar es sobre la "revalorización" de don Alfonsín que hubo una vez muerto este en varias partes de la Argentina. En cuanto a mí, y a muchos en esta patria, recordamos su posición frente a una ley de Jesús sobre el matrimonio: "que el hombre no separe lo que Dios ha unido"; Alfonsín y muchos legisladores del momento se sintieron más grandes y más sabios que Cristo en la década del 80. Lamentable para nuestra nación, que tuvo que padecer, y aún contínúa, tal pecado que nubla al país, a las almas y a todos los matrimonios, en especial a los que tienen base cristiana, pero ante una mínima tentación ya piensan en la salida más fácil: divorciarse, sin atender a luchas morales y espirituales que implica defender la unidad de la pareja, a costa de insidias de nuestras propias debilidades e imperfecciones humanas, de los malos ejemplos y consejos (y leyes) del mundo y de las malas inspiraciones en nuestra inteligencia o imaginación por parte del demonio.
Lo que me preocupa a mí, ante tan tamaño pecado, es si don Alfonsín fue grande ante el mismo Cristo cuando se enfrentó una vez quedado sin vida. ¿Le habrá sido suficiente su gran lucha por la gran democracia y la gran república? Que la misericordia de Nuestro Señor haya sido grande, pero lo que es claro es claro: El mismo dijo que "el que me niega ante los hombres, yo lo negaré ante el Padre que está en los cielos"; y don Raúl negó un criterio o un mandato de Cristo, y eso no es poca cosa, por más que los grandes pensantes de la política o de la filosofía extraña contradiga y minimice la Palabra del Verbo, que no cambia ni un ápice, ni un punto sobre la jota hasta el fin de los tiempos.